martes, 15 de marzo de 2011

El toro de Berrocal / Por Joaquín Albaicín



El toro de Berrocal

Por Joaquín Albaicín
escritor y aficionado

La prensa taurina del no tan remoto pretérito constituye para mí una inagotable fuente de sorpresas, en particular si pensamos en El Ruedo de la época en que lo dirigía Vizcaíno Casas. Me planto ante un lote de números sueltos de 1975 y me encuentro –así, de sopetón- en portada, a toda página, con Telly Savalas en tanga. ¡Para que motejen al mundo de los toros de rancio, mojigato y cierra España! No me imagino 6 Toros 6, Aplausos o Siglos de Toros con Falete o Schwarzenegger luciendo palmito en la portada… Dentro, en la entrevista que le hacen, se descubre todo: ese señor del tanga azul marino no es Kojak, sino un aficionado calvo que se le parece y que un día quiso ser torero… Bueno, pues aclarado. Empuñamos otro número de 1976, y lo primero que se aprecia es, lógicamente, lo mucho que ha cambiado el mapa taurino: entrevista con Mariví Romero, tentadero de El Viti, orejas para Palomo y José Fuentes… Hasta toparnos con una información totalmente surrealista: “El Ruedo regala un toro bravo ¡vivo! Envié este cupón (con la respuesta correcta, naturalmente)”

  Para participar en el sorteo y poder ganar un toro de José Luis Martín Berrocal, nada más había que responder cuatro preguntas (en este número se especificaba la tercera: “La ganadería de don José Luis Martín Berrocal pasta en el término municipal de Cantillana, provincia de Sevilla. ¿Cómo se denomina la finca?”). En el anuncio se detalla el pelaje del toro (negro zaíno), su edad (cuatro años) y su peso (cuatrocientos sesenta y dos kilos, que, en el momento de la entrega al afortunado, serían unos quinientos). También, que el ganador se comprometía a no sacrificarlo en ningún matadero. Y se sugerían los posibles destinos: ponerse de acuerdo con el dueño de una vaca brava a fin de fundar una ganadería, o vender el toro para semental, o a un matador o novillero caninos, o para su lidia y muerte a estoque en un festival, o como sobrero en una corrida. Lo más cómodo y atractivo era que: “El lector afortunado con el toro bravo vivo lo recibirá en su domicilio con toda la documentación correspondiente”. Ni un duro de gastos en transporte. Más facilidades, imposible.

  Ya no se hacen campañas de promoción de la Fiesta de este corte. Yo no sé si esto de rifar y regalar un toro bravo sería hoy posible, cuando, para algo tan intrascendente como ordeñar una vaca lechera en tu terreno, creo que has de sortear infinidad de trámites, recelos y vigilancias ciudadanas. Además, sospecho que el sorteo levantaría de inmediato una insufrible presión mediática a propósito de qué coño iba a hacer un cavernícola al que gustan los toros con ese inocente astado, sin que nadie, obviamente, alzara la voz para preguntarse por los problemas del honrado oficinista que una mañana, de buenas a primeras, se encontrara con que una mensajería había depositado en el portal de su casa en Claudio Coello un cajón de transporte de ganado conteniendo un toro de Berrocal. Y, antes, los conserjes tenían la vivienda al lado de la portería. Imagínense la de vueltas que iban a dar por las noches, en la cama, ese buen hombre y su mujer, y cómo les bombearía el corazón, por las mañanas, en el momento de ir a dar forraje al toro del señorito del tercero derecha. ¿Qué decir del cartero o del cobrador de la luz?

  Eso es para haberlo vivido. No he localizado los números de El Ruedo siguientes a éste, por lo que se me ha despertado la curiosidad de en qué quedó aquello del toro de Berrocal. ¿Le tocó a alguien? ¿Lo llevaron a casa del ganador? ¿Llegó el toro a ser lidiado? ¿Fue manso? ¿Bravo? ¿Le cortó las orejas Manuel Amador? ¿Trajo por la calle de la amargura a Ángel Teruel? ¿Lo indultaron? ¿En Cifuentes? ¿En Jerez? ¿Lo mató a tiros la guardia civil, en el portal del agraciado, cuando intentaba abandonar a cornadas el cajón?

  Lo dicho: eso eran verdaderas estrategias de promoción de la Fiesta y, lo demás, zarandajas.

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