domingo, 13 de marzo de 2011

MÉRIDA: HOMILÍA DEL CAPELLÁN / XLII FERIA INTERNACIONAL DEL SOL


 MÉRIDA-VENEZUELA
Reflexiones en la XLII Feria Internacional del Sol
Pbro. Cándido Contreras Ochoa
Homilía del 04 de marzo de 2011

            El Evangelio que la Iglesia propone hoy a todos sus fieles, pareciera algo totalmente como extraño a lo que nosotros pudiéramos estar haciendo aquí.
            De entrada se me ocurre pensar lo siguiente, ¿Qué encontrará Dios en vernos reunidos en torno a la fiesta de los toros? ¿Encontrará Dios algún fruto en esto? O serán puras hojas, un poco como la higuera. Esta mañana mientras subía pensaba cuántos son los frutos en el arte, pensaba en todo lo que significa hacer esos trajes de luces y el arte que hay detrás, pensaba en la poesía, en la novela, en la música y allí hay algunos frutos muy claros. Después, cuando vi los cajones de los toros, allí hay otra realidad, y es todo lo ecológico que hay en torno a la fiesta taurina y es el cuidado de una raza tan especial como es la casta de los toros, la raza brava de los toros, el empeño de cuidar una finca y en llevar adelante el cuidado de esto y ahí también hay otro fruto. Por allí puede uno encontrar varias venas, varias vetas muy hermosas de frutos.
            Pero, ¿Dónde debería desembocar esto?, siguiendo un poco la palabra, me remontaría a la primera lectura de esos antepasados nuestros insignes, y es bonito siempre recordar a todos los que han antecedido y todos los que han estado vinculados a la Fiesta Brava, y siempre los recordamos con cariño, y los recordamos con cariño porque para un aficionado taurino la muerte no es el acabose, sino que la muerte termina siendo un triunfo, y si hay algo que hace vibrar las venas de un aficionado taurino es cuando se le da la muerte al toro bravo de buena manera, con un buen espadazo en su sitio y que el toro muera en segundos, lo que hace el triunfo, una muerte hermosa, una muerte bella.
            Un día me decía el Dr. Hernán López que los únicos toros que después de morir los aplauden son los que hay en las plazas. Los miles de millones de toros que se matan en el mundo, y de los cuales nadie se queja por supuesto, a esos nadie los aplaude, a lo mejor decimos que el trozo de carne estaba bueno cuando lo tenemos en la mesa, pero no, el único sitio donde la muerte de un toro se aplaude es en una plaza, y de alguna manera hay como una reconciliación frente a ese evento doloroso.
            Ahora, todo esto, creo que debe propiciar, al menos en los que apreciamos esta Fiesta, cada vez más generar una sociedad distinta, vemos lo doloroso de las muertes que nos rodean, muertes totalmente absurdas, muertes que nos llenan de mucho dolor, y como hasta se justifica algún tipo de muerte. Esta sociedad pues la tenemos que cambiar, y cuando de verdad hay sintonía y sincronía en una buena faena, pues nos sentimos de alguna manera como hermanados, hay como una especie de alegría y no por lo que alguien me decía, la masacre de un toro, por supuesto entrar en discusiones ideológicas y de vocabularios no tiene mayor sentido, pero si es interesante poder decir que si somos capaces de aplaudir o si somos capaces, con algunas variantes, de llenar la plaza de pañuelos blancos, porque creemos que aquel hombre que está en el centro del ruedo, o aquella persona, porque también hay mujeres toreras, está haciendo, o logró, o hizo, a juicio de buena parte del público una gran faena, entonces empezamos a pedir un premio o, en dado caso, el indulto de un toro, bueno eso debería ser también algo que se debería reflejar en la sociedad, cómo aplaudirnos los unos a los otros, merecer el aplauso de los unos por los otros y cómo generar y cuidar la vida y sabernos reconciliar con la muerte, porque al fin y al cabo en la plaza de toros uno aprende a reconciliarse con la muerte. 
            Una buena faena puede terminar con el indulto de un toro, pero lo mejor es cuando el toro rinde la vida con nobleza en la arena, y entonces todo aquello termina en darle la vuelta al ruedo con el toro muerto, pero ha valido la pena haber vivido para eso. Yo supongo y espero que a todos nos den la vuelta al ruedo, no aquí en la plaza, pero si por la vida demostrada, que nuestra vida no sea pura hojarasca, sino que todas esas expresiones del arte y de la cultura, aunque para muchos no lo sea, y los respetamos, dé esos frutos de transformación de la sociedad, que no solamente de réditos de tipo económico, de tipo artístico, de cualquier otro tipo de ganancia, sino que también ganemos en calidad humana, ganemos en respeto, ganemos en comprensión, ganemos en tolerancia, y de esa manera el Señor encontrará esos frutos a su tiempo y habrá valido la pena reunirnos para celebrar la Eucaristía, que así sea.

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