lunes, 13 de diciembre de 2010

El toreo artista y culto vs. industrial y turístico / Por Pedro J. Cáceres

Obra de Oswaldo Viteri


Pedro Javier Cáceres.-

Madrid, 12 13 de Diciembre de 2010
Parece un hecho que los toros pasarán a depender del Ministerio de Cultura. ¿Cuándo? Pues la cosa va lenta. Y en las fechas que estamos no se barrunta actividad hasta pasado el 6 de enero y su resaca correspondiente. O mucho corren unos, presionados por “el toro” (los toreros, que también están, más que parados, quietos) o las previsiones de iniciar la temporada 2011 inserto en las dependencias del antiguo Circo Price no van a ser posible.
Han pasado dos meses y medio (más o menos) desde el primer golpe de efecto propiciado por las figuras del toreo en este sentido. Y la noticia es que no hay noticia. Ni tampoco que el sector haya ido ganado tiempo con las Comunidades Autónomas para que estas se adecuen coordinadamente. Antes al contrario, alguna ha habido que ya se ha mostrado opuestas.
En su día lo dijimos y lo pusimos negro sobre blanco: el mayor beneficio, que lo es, para La Fiesta con el traspaso es el reconocimiento tácito como hecho cultural y, sobre todo, salir del departamento de policías y delincuentes.
Una operación de imagen harto positiva para actores y espectadores. Punto.
Sin embargo el asesor jurídico de las figuras del toreo se hacía “lenguas” sobre la capacidad de dicho organismo para promocionar y difundir la Fiesta. Lo dudamos, en su día y hoy, dos meses y medio después.
Problemático por voluntad política del partido que gobierna quien cree haber cumplido con el simple traspaso y que los profesionales se registren como artistas, lo que, al parecer, va a ser su única competencia.
Complicado por la falta de apoyos de los otros sectores culturales afines a este gobierno, un lobby con tremendo poder y capacidad de seducción sobre los gobernantes de la izquierda; es la llamada “cultureta” o sindicato de la “zeja”. Entre otras cosas, además del factor ideológico sectario, por que cualquier tipo de ayuda saldría de la caja común con la evidente erosión económica para los que están viviendo del momio. El primer intento, sin el apoyo del Ministerio futuro, posicionado claramente, ha sido fallido: que vuelvan las retransmisiones a TVE. Y en este punto no se le toca la cartera ni al Ministerio ni a los “inteletuales” (sin la c, por favor) subvencionados.
Cree esta cultura actual, de cartón piedra, que “los toros” no suman si no restan a la pureza de concepto que ellos tienen de la cultura.
Repito: ideológicmante, pensamiento único, y temerosos que se les quite un pedazo del pastel pesebrero.
Estamos como estábamos pero siendo oficialmente artistas y cultos.
Dos meses y medio después, enfriado el “subidón” de ser cultura, el reposo lleva al análisis y a la reflexión. Tirando de hemeroteca y memoria. Repasando algunos datos. No ideológicos si no pragmáticos, económicos. Que no por sabidos conviene repetir, a pesar que no hay mejor sordo que el que no quiere oir.
Independientemente de los parámetros irrefutables que el toro proporciona para el equilibrio del ecosistema y del que, además de proteger y potenciar una raza autóctona única, se benefician 17.000 familias y 160.000 empleos directos; la pela es la pela.
Datos que nos instala en un sector industrial con peso específico en el PIB nacional (el 1.5), y mucho más relevante en el PIB parcial de muchas de nuestras comunidades autónomas.
En total, los cerca de 10.000.000 de espectadores año, generan, mueven, un capital de 2.500 millones de euros. Uno comparativo: el futbol de primera división concita anualmente sobre las 11,5 millones de espectadores.
Su repercusión en el mercado laboral con un país del 20% de paro es más que notable: 7.000 profesionales, puros y duros afectos directamente al espectáculo, y 3.7 millones de jornadas de trabajo.
Entre unas cosas y otras, directos o indirectos, 200.000 empleos.
Su incidencia capital como uno de los baluartes del turismo, un tanto deprimido, últimamente, y falto de alicientes promociónales como atractivo, y “los toros” lo son.
El incremento de producción del sector servicios de cualquier localidad los días de feria o espectáculo taurino (no hay que olvidar que es el segundo de masas en España, que su trashumancia y movilidad se corresponde con un sector de poder adquisitivo aceptable y por lo tanto asequible al consumo).
Un ejemplo: el impacto económico de la Feria de Abril, en Sevilla, duplica con creces el de la Semana Santa; 675 millones de euros, equivalente al 3.42 del PIB de la Ciudad. ¿Alguien se imagina una Feria de Abril, con mucha caseta, mucha manzanilla, mucho ji-ji,ja-ja, pero sin toros?
Y algo elocuente que nos instala en la doble moral del personal cuando de los dineros se trata.
Son datos procedentes de la encuesta de uno de los mayores, buscadores de vuelos, Skyscanner: un 63% apoya el veto las corridas de toros, bien. Pero si se les pregunta si influiría negativamente en el turismo, un 25% de estos responde afirmativamente.
Según Benjamín Ulecia, portavoz de España para Skyscanner:
“Aunque la mayoría de la gente apoya la reducción de este tipo de espectáculos, nos queda la duda de cómo influirá sobre nuestro turismo. No hay que olvidar que sigue siendo un reclamo para muchas de nuestras ciudades, y una gran afición entre muchos de nuestros compatriotas.”
Más. Con motivo de la Ley castradora de Cataluña, las Agencias de Viaje se alarmaron advirtiendo:
“las corridas de toros suponen un gran atractivo para ciudadanos de otros países. Los toros son un motor económico par España y han aportado suficientes números que lo avalan”.
La Asociación Española de Agencias de Viajes fue la primera en llamar a la puerta de Zapatero para instar a la protección de los toros y declararlos BIC por entender que “es una de las manifestaciones culturales que diferencia, en positivo, a España respecto de otros países”.
En Cultura, La Fiesta duerme, y profundamente, con sus enemigos.
En Industria Comercio y Turismo, aunque mirándose de reojo, cohabitaría con terceros motivados, aunque fuera tan sólo, por los intereses creados propios derivados de la actividad taurina. Tendrían el apoyo, aún al pesar ideológico de algunos, de sindicatos, patronal, PYMES, cámaras de comercio, etc.
¿Valdrá de algo esta reflexión sobre demandar de la Administración como actividad de hecho su descansar en el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio?
Pues ¡ea! Ya son artistas y está claro que en su “hambre mandan ellos”, si no fuera por que la abundancia de unos pocos de estos, ahora, artistas (al parecer los únicos con voz, voto y representatividad), significa la miseria de muchos artesanos.
Quizá es lo que pretenda la élite, marcar diferencias. Si no, no se entiende que optaran, sabido el hecho cultural (implícito) de “los toros”, por ubicarse donde no solo recelan de ellos por otro donde les respetaran e incluso les mimaran. ¿No es eso de lo que se quejan?
Puede que sí, pero con la boca chica.
A veces dudo que lo artístico tenga que ver con lo profesional. Es un estado de ánimo contra una actitud ante la vida y la sociedad que no siempre se concilian.
Siempre se dijo “el torero es grandeza”. Ahora es arte, cultura.

Pues que bien.

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