jueves, 4 de agosto de 2011

"Ladran, Sancho, señal que cabalgamos..." / Por Benjamín Bentura Remacha

"Ladran, Sancho, señal que cabalgamos..."
Benjamín Bentura Remacha
Zaragoza, 4 de Agosto de 2011

Apreciado administrador: 
No quiero contestar anónimos porque me asusta lo desconocido, pero si deseo defender mis opiniones que no pretenden sentar cátedra pese a que lleve en esto más de 60 años. Recuerdo a Luis Miguel un día que fuimos a la única televisión que había entonces a defender los toros y alguien afirmó que la inmaculada Mariví, la hija de Emilio Romero, sabía mucho de toros porque viajaba a todos los escenarios taurinos. "Yo tengo una maleta que ha venido conmigo siempre y todavía no le he oído una opinión acertada" - argumentó el menor-mayor de los Dominguines. Puede que a mí me pase lo mismo que a aquella maleta, pero me gustaría que, como en las familias gitanas, se respetase mi ancianidad. Ya los griegos lo hacían, aunque estemos en otros tiempos y hoy "las ciencias adelanten que es una barbaridad" y los jóvenes las asimilen. Y las jóvenas, incluso las ministras de la paridad

Nada diré sobre mis opiniones del toreo de José Tomás porque, el parecer, son ecuanimes y acertadas, a pesar de mis cuchufletas naturales puesto que alguien me ha calificado de chufla, cosa que me merezco por el viejo pecado que cometí hace muchos años en El Pardo de Madrid ante la actuación de Manuel Benítez "El Cordobés". La crónica la titulé "El Piyayo", a chufla lo toma la gente... No andaba yo muy descaminado poque el otro día se repuso la película "Aprendiendo a morir" por el Canal+ y alguién me llamó y me dijo: "Tenías razón, qué malo era". Pero, el Benítez dio la cara en todos los terrenos y sus éxitos alcanzaron hasta el Palacio de Hierro del D. F. mexicano, donde descubrio el temple. En sus primeros años, el cordobesismo era brutal. Insultos, amenazas y envío de portadas de FIESTA ESPAÑOLA con restos de ñoñas (estiércoles) humanas. "Más vale oler vivo a ñoñas, que muerto a incienso o cera". Cuestión de olores: a santidad, a arte, a flores y a esa cera que don Agustín de Foxá transformó en olor a muerte en el olfato sensible de Blanquet, el banderillero de Joselito ( el único Joselito, según Cossío). Las multitudes pueden oler a sobaco y también a incienso como esa multitud de mil o dos mil invitados que dicen que van a las corridas de José Tomás y que no se conforman con el modesto incensario aunque sea de plata y tiran con fuerza de un tremendo botafumeiro más grande que el de la catedral de Santiago y con muchas más cuerdas para impulsarlo. No vale con el loor o alabanza, hay que cubrir todo el ambiente de las excelencias artísticas y humanas del genio de Galapagar.

Y, por fin, pido perdón por confundir el gentilicio de los naturales de Aguascalientes con los de Monterrey, pero ello no creo que sea una ofensa para los mexicanos. Reyes del monte, como Bahamontes, me sonaba mas rimbombante que hidrocálidos y, además, me acercaba a don Lorenzo Garza, al que vi torear y conocí en España, en el Museo de la Las Ventas de Madrid y al que considero el tercero de los toreros de aquellas tierras, tras Gaona y Armillita. Claro que otro de los diestros mexicanos que admiré en los ruedos y en persona fue el hidrocálido Alfonso Ramírez "El Calesero", virtuoso del toreo de capote con ese seudónimo que le cuadraba a la perfección por su sensibilidad artística. De Garza tengo varios apuntes de don Roberto Domingo de una novillada que toreó en Madrid en 1933, mano a mano con Luis Castro "El Soldado", al que también conocí y vi actuar en los ruedos, y de la que mi padre escribió la crónica para El Debate.No ofendo a los mexicanos con mi equivocación y me amparo en el dicho periodistico de que "no consientas que la realidad te estropee un buen titular". Lo de regiomonetano, en mi real senectud, me sonaba a gloria y más si recordaba que en Monterrey el centro estaba en la Plaza de España y que allí hay unas cuevas en las que las estalactitas y las estalagmitas repiquetean como campanas. Sin embargo, en la intimidad entono el mea culpa por mi confusión . Y me alegro de tener amigos como R. Vega y José María Bermejo y, sin citarme y por coincidencias de criterio, José Antonio del Moral. Y en lo de los gentilicios, recordar que, en Aragón, a los de Tarazona les llamamos turiasonenses y a los de Calatayud, bilbilitanos. Y que Torcuato Fernández Miranda le aclaró a José Solís, la sonrisa del régimen, que gracias al latín a él y a sus paisanos de Cabra se les conoce por egabrenses. Mis saludos para todos y que conste que José Tomás también es un torero galapagueño.

1 comentario:

  1. Un ejemplo de caballerosidad y magisterio periodístico es lo que nuevamente ofrece Don Bemjamín, rasgo no muy visible en la fanatizada tomasista que no soporta la más mínima discrepancia al buen torero galápago.
    Quedo agradecido por tan oportuna y magnífica respuesta y también por la cita que se me hace.

    R. Vega.

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