martes, 2 de agosto de 2011

Hoy hace un año / Por Paco March


 Hoy hace un año

Paco March 

 02/08/2011
Hay fechas en la historia de la Humanidad que, para bien o para mal, han marcado el futuro de la misma. Guerras, revoluciones, descubrimientos científicos, nacimientos, muertes. Todo aquello en fin que hace la vida digna o indigna.

La de la Tauromaquia moderna se forja en grandezas y miserias, tardes de gloria y tragedia, de hombres (y mujeres) vestidos de luces dispuestos a poner la vida en juego interpretando a su manera normas escritas o no y parte de la evolución secular de los primitivos juegos del hombre y el animal.También es una historia de recelos ante su cruda verdad, de anatemas, excomuniones y prohibiciones (casi) siempre vencidas. 

La última gran prueba a la que se enfrenta sucedió hace exactamente un año, aunque es consecuencia de muchos otros. El 28 de julio de 2010 pasó a la historia universal de la infamia después de que el Parlament de Catalunya aprobase por mayoría la prohibición de las corridas de toros en el territorio de su competencia, con fecha 1 de enero de 2012.
No se trata aquí de añadir razones al argumentario que antes y, sobre todo después, ha analizado, combatido o ensalzado, tal atropello al esencial derecho de la libertad. Sí, de intuir la que se avecina en Barcelona.

Un reduccionismo de cortas miras, se podrá reprochar. Quizás, pero es lo que hay y urge.Y, lo que hay, es que a la ¿última? temporada en la Monumental le quedan media docena de festejos, cuatro de ellos en ese agosto de ciudad vacía y ocupada por los "bárbaros del norte".El final del probable final, vendrá con las dos corridas de la Mercè, sendos carteles que todos presentíamos a lo grande pero que, hoy por hoy, no sólo se desconocen sino que la que parecía segura presencia de José Tomás está en el aire.

Tal circunstancia, que algunos contemplarán con una cínica sonrisa mientras otros (quizás los mismos) le restan importancia y se llenan la boca con eso de que el toreo es mucho más amplio y demás zarandajas, tiene para los aficionados catalanes ( no lo olvidemos, de momento, las principales víctimas ) capital importancia y no admite frivolidades. El reto, para las partes está ahí, urge su resolución y , con humildad y el respeto debido, se pide generosidad. E imaginación. Parece fácil, pero no.No es hora de reproches, cobros de cuentas pendientes ni ponerse estupendos. Tiempo habrá para el análisis de lo que se ha hecho mal, bien o se ha dejado de hacer.

Esa del 25 de septiembre es mucho más que una corrida de toros y todas las partes, afición incluida, o lo saben o deberían saberlo. Barcelona ya ha vivido páginas de esa Historia citada al inicio con la Fiesta como detonante (en 1835 la lidia de toros mansos en El Torín desencadenó la quema de conventos).No se trata de eso, claro, sino de lo contrario. Se trata de convertir el fin de semana mercedario, con la ciudad en fiestas, en la reivindicación de la fiesta de los toros como algo vivo y batiente, incardinado en el ser y sentir del pueblo.Y si se confirmara la visión agorera con aires de funeral por cierre, que al menos lo sea a la manera de Nueva Orleáns, esos entierros con música, cantos y bailes por las calles.
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