martes, 11 de enero de 2011

Lo de Marca con Daniel Luque / Por José Ramón Márquez


Antes que Marca, este espectador se hartó
de Luque en Palencia, en la corrida 1998 de Ponce.
Para que no se diga que no lo hemos seguido


José Ramón Márquez

Nos enteramos por una breve noticia en Mundotoro de que José Luis Marca ha dado por finalizada de forma, al parecer, poco amistosa su relación profesional con Daniel Luque.
De Daniel Luque hablaba yo un día en términos no muy elogiosos con un matador de toros y éste me respondió:

-Tiene buen capote.

Y ahí se quedó la cosa. Que digo yo que será así, que un día le vi dar dos o tres verónicas; pero vamos, que no recuerdo bien si fueron dos o tres.

Lo mío con Luque se resume en esta anécdota:

Estábamos entrando a una Plaza de toros. Comentábamos el cartel. Yo digo:

-Pues al Luque éste le debo de haber visto un montón de veces, pero es que no me acuerdo de nada... Me deja la mente en blanco.

Y dice Ignacio:

-Pues es uno de los tres que vimos ayer en Navalcarnero.

Y era verdad. El día antes le habíamos visto, como quien oye llover.

Yo de las cosas de los apoderamientos no entiendo ni media, pero cuando a principios de la temporada pasada Marca, que no es un recién llegado, se hizo cargo del chico, pensé que algo habría visto ahí el viejo, o que quizás fuese capaz de meterle en cintura. La temporada demostró perfectamente dos cosas: una, que Luque es torero como quien oye llover, que, como dice el clásico, fuese y no hubo nada; dos, que Marca trató de jugarse a su poderdante, como dicen los de los programas, a una fortísima carta, la de los seis toros de Madrid, y que, aunque ese fiasco fue un tremendo lastre tanto para el desarrollo de la temporada del sevillano como para las esperanzas de su apoderado, no dejó éste de proporcionarle a lo largo de toda la temporada, y hasta San Miguel, un inmenso catálogo de oportunidades que se fueron pasando como lágrimas en la lluvia, incluidas otras tardes en Madrid junto a July, Morante, Castella, Cayetano, Cuvillo, Garcigrande, o sea, lo que en la terminología contemporánea se entiende por ‘ir bien colocado’.

Ahora, en el final de su relación, Marca dice que al torero no hay quien lo aguante, que es insoportable, que está harto de él, que es una caja de bombas, que la ruptura no ha sido nada amistosa y que compadece al que se haga cargo de su carrera. Yo, que tuve la honra de ser invitado por el padre del torero a un café en un bar de Pozuelo de Alarcón, le preguntaría al viejo apoderado en homenaje a aquella infusión: ¿Te engañó el torero o te engañaste tú mismo? ¿Qué buscabas? ¿Qué creías?

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