domingo, 13 de diciembre de 2009

NOSTALGIA DE "EL CHOFRE" DE SAN SEBASTIÁN

Manolete saluda a Franco en el Chofre.
Apenas unos días después el torero falleció
tras una cogida en la plaza de Linares.

Nostalgia de El Chofre
Domingo Delgado de la Cámara

09.12.2009
Es curioso observar el recuerdo que han dejado en la afición algunos cosos taurinos que ya no existen. Ocurre como con muchos toreros: el paso por los ruedos de diestros como Pepe Luis Vázquez, Paco Camino, El Viti, Silverio Pérez... ha dejado un rastro imborrable en los aficionados. Sin embargo, el recuerdo de otros, que fueron figuras del toreo y ganaron mucho dinero, ha sido devorado por el tiempo... Pues con las plazas de toros ya derruidas sucede lo mismo. ¿Quién se acuerda de la efímera monumental de Sevilla? Nadie, hasta el punto de que mucha gente desconoce que existió. Tampoco queda la menor nostalgia de las plazas antiguas de Bilbao o de Madrid. La nuevas que se erigieron en su lugar mejoraron a sus predecesoras y heredaron su historial que, en ambos, casos era extraordinario. La afición sustituyó una plaza por otra sin la menor amargura...
Pero hay un coso que aun hoy, treinta y seis años después de su desaparición, sigue generando una tremenda nostalgia. Hablo, naturalmente, de El Chofre de San Sebastián. La modernísima Illumbe, a pesar de todas sus comodidades y sus adelantos, no ha conseguido hacer desaparecer la saudade por el viejo Chofre. Se da el caso curioso de que muchos donostiarras que, por razones de edad, no conocieron la vieja plaza, también sienten añoranza por ella: es el caso de Jon Ander Sanz, que apenas llega a los veinticinco años y que guarda como oro en paño todo lo que tuvo que ver con el viejo coso: entradas, carteles, fotografías... Este caso de añoranza y desconsuelo por la desaparecida plaza, solo se da con la misma fuerza en otra ciudad muy distante de San Sebastián: Guadalajara, Jalisco. La nueva plaza de toros no ha sido capaz de borrar el recuerdo de “El Progreso”, de sabor muy español y que era una de las plazas más bonitas de América. No tenía nada que ver con esos cosos con aires de estadio de fútbol que se han erigido prácticamente por toda América. Y puede que esta sea la clave de la añoranza por El Chofre. Era una plaza de una belleza arrebatadora, un edificio que enamoró incluso a quienes no eran aficionados a los toros. La plaza estaba en consonancia con la belleza de la Ciudad.

1903 fue un año de gran efervescencia taurina en Guipúzcoa. Aquél año fueron inaugurados los cosos de Eibar, Azpeitia, Tolosa..., y el Chofre. Por aquellos años se vivió una auténtica fiebre de inauguraciones que, por cierto, no costaban un duro a la administración, pues las plazas las erigían sociedades creadas a tal efecto, con capital aportado por la población local, sobre todo por los comerciantes. Tal fue el caso de Nueva Plaza de Toros de San Sebastián, S.A. En 1874 se había inaugurado la plaza de la Carretera de Aragón en Madrid, y este coso fue el ejemplo. Enseguida todas las capitales quisieron tener una plaza similar, dotada de buenas instalaciones y para quince mil almas. Y el estilo mudéjar de esta plaza, también haría furor, pues casi todos los cosos que se levantarían en los próximos años, iban a tener el mismo estilo morisco. Y ese fue el caso de El Chofre, que fue uno de los modelos de plaza de toros clásica.

Las fotografías que quedan de El Chofre son inconfundibles. Aquella Puerta Grande con aquél gran arco de herradura y una gran cabeza de toro pintada encima; la barrera pintada de azul, con aquellos números enormes; aquella meseta del toril de enormes dimensiones... Y la azotea, pues encima de la andanada no había tejadillo. Había una azotea por donde la gente paseaba mientras veía la corrida. Paco Tuduri, el gran biógrafo del Chofre, me ha hablado mucho del patio de caballos y los corrales, que también eran modélicos. Los arquitectos Aladrén y Urcola consiguieron uno de los cosos más bellos que han existido. Fue inaugurado el ocho de Agosto de 1903: ocho toros de Ibarra para Luis Mazzantini, Emilio el Bomba, Antonio Montes (sustituto de Reverte) y Lagartijo Chico. “Chaparrota”, número 100, inauguró el albero, y la primera oreja la cortó Antonio Montes. El sobrero fue lidiado por el novillero Bernalillo..., y a partir de este comienzo se desarrollaron setenta años de gloriosa historia, con dos únicos hechos luctuosos: las muertes de los banderilleros Morenito de Valencia y Paco Pita.

San Sebastián fue mucho más gallista que belmontista. Joselito llegó a matar seis toros de Santa Coloma en solitario, y Rodolfo Gaona tuvo en el Chofre su bastión más importante en España. El público era selecto y entendido pues, junto a la estupenda afición donostiarra, se sentaban en las gradas los mejores aficionados de Madrid, que veraneaban en la Capital guipuzcoana, y lo mejor de la afición francesa. Cuando Pagés se hace cargo de la plaza, esta va a vivir años de esplendor inusitado. El Día de la Virgen siempre corrida de ocho toros, con los cuatro matadores más importantes del momento. Y la corrida del Toro de Oro, concurso de ganaderías y referente torista durante muchos años. Tras la Guerra, Manolete y Antonio Ordóñez fueron sucesivamente los ídolos de San Sebastián. La elección de estos dos toreros y no otros, es indicativa del saber y el buen gusto de la afición donostiarra.

Pero en 1973 la piqueta se llevó por delante tanta gloria. ¿Cómo fue posible tamaño despropósito? Hoy no se hubiera tolerado esta maniobra de especulación urbanística. Hay que señalar a los responsables: Felipe Ugarte, Alcalde de San Sebastián, de nefasto recuerdo, y la familia Jardón que se había hecho con las acciones de Nueva Plaza de Toros de San Sebastián en 1953. La llegada de la Empresa de Madrid al Chofre, al principio fue muy positiva: su gerente, Livinio Stuick, organizó Semanas Grandes de mucha categoría. Lo malo fue cuando retiraron a Stuick y apareció Fernando Jardón. Fue un crimen tirar aquella plaza.

Como he recordado el cartel de la primera función, recordemos también el de la última: fue un festival en el que Julio Aparicio, Litri, Antonio Ordóñez y el novillero El Charro, lidiaron novillos de Carlos Núñez. Fue un dos de Septiembre de 1973. E el último novillo lo mató Ordóñez..., y ya San Sebastián se metió en el túnel negro de veinticinco años sin toros. Hasta que en 1998 ese gran hombre, al que tanto debe la Fiesta, que fue Manolo Chopera, consiguió inaugurar Illumbe. Por fin volvía a haber toros en la Bella Easo. Illumbe fue desde el principio, como el Chofre, plaza de primera..., pero, a pesar del esplendor de las Semanas Grandes actuales, nadie se olvida del Chofre...

En tiempos convulsos en Cataluña, quiera Dios que no tengamos que hablar en pretérito de la monumental de Barcelona, otro de los cosos más bellos y de mayor historia de cuantos existen. No se debe consentir que ocurra lo que una vez ocurrió en San Sebastián, porque la Monumental de Barcelona es patrimonio de toda la afición y debemos defenderla para no lamentarnos durante años de nuestra cobardía.
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