jueves, 10 de diciembre de 2009

JERARQUÍA DE CORNUDOS /Por I. Ruiz Quintano


JERARQUÍA DE CORNUDOS


Ignacio Ruiz Quintano

Lo ha dicho Esplá, punto redondo:

Sacar punta a los pitones es algo habitual.

Para sacar punta a los pitones, hay que inmovilizar al toro, y la inmovilización, dicho por el psiquiatra Leopoldo Ortega -no confundir con Amancio Ortega, el español más rico del mundo español-, es tortura.

La Justicia australiana ha empitonado -hasta tres años de cárcel- a un chef de cocina bajo la acusación de maltrato animal por cocinar a una rata común, no se sabe si al foie. ¿Cuántos años merecerían nuestros sacapuntas de la cabaña brava?

Se queja Esplá, y con razón, de que estos toros afilados, sólo con rozarlo, te dejan el capote como la chaqueta de Búfalo Bill, y que eso no pasaba antes.

Acostumbrados al cuerno romo -y con más rebaba que el macho de un circo- de provincias, los toreros llegan en mayo a Madrid y, a la vista de las puntas, se tienen que poner a torear "con cuidao".

Porque Madrid hace como que tapa la falta de trapío con pinchos. Clasificado por sus pinchos, el toro puede ser astifino o puntifino. Astifino, si es natural. Y si es artificial -que le han cortado medio cuerno y le han sacado punta al otro medio-, puntifino. Bueno, hay muchos más, pero están en la Jerarquía de cornudos de Charles Fourier.


Fuente:
Blog Salmonetes ya no nos quedan


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