lunes, 18 de abril de 2011

Domingo de Ramos en Madrid. ¿682 kilos de Santa Coloma? ¡Válganos Dios! / José Ramón Márquez

Almonteño
Primer toro de la temporada
(Click en las imágenes para agrandar)
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Domingo de Ramos en Madrid.

¿682 kilos de Santa Coloma? ¡Válganos Dios!

 
José Ramón Márquez
Madrid, 1 de Abril de 2011.
Por fin una corrida de toros en Madrid. Hemos tenido que esperar al Domingo de Ramos para que la empresa se dignase a echar una corrida de toros. ¿Toros? Bueno, eso es lo que pone en el cartel. Dice ‘Corrida de toros’, o sea que lo que sale por los chiqueros se supone que son toros. Pues no. Lo que sale por chiqueros es una irrisión de la tal Mari Camacho, que se los han traído desde Medina Sidonia para hacer el ridículo en la primera corrida de toros de la temporada en Madrid.

Estos bichos de la tal Mari Camacho ostentan marcado a fuego el hierro del Duque de Braganza, el rey Miguel de Portugal. Noble hierro formado con el regalo que le hizo el rey de España, Fernando VII, de cincuenta vacas y dos sementales para que también su primo tuviese toros de la casta Vazqueña. Después se aumentó con ganado del Duque de Veragua, de idéntica procedencia, y sementales de Ibarra. Más tarde, diversas vicisitudes históricas como la abolición de la monarquía en Portugal y otras de índole ganadera llevaron a que todo aquello desapareciera y entrase la sangre de Núñez, que es la que hoy ostenta la ganadería. Entre esas eliminaciones de lo anterior y la especie de ‘leasing taurino’ que practica el famoso taurino Antonio Matilla con esta ganadería entre otras, se comprende perfectamente la deriva de un hierro que sólo tiene la leyenda de su origen y nada que decir en la actualidad.
De los seis bichos que vinieron a Madrid: Almonteño, Chuleta, Bisoñero, Floraciones, Fontanero y Burlón, lo mejor que se puede decir es que, por fortuna, ya están criando malvas y transformadas sus anatomías en medias canales. Lo demás es que la corrida adoleció de todo, de una presentación coherente y equilibrada, de fuerza, de trapío, de casta. Una colección de media docena de tonterías con cuernos para la primera corrida de toros de la temporada en Madrid.
 
Y con eso los toreros hicieron sus cosas. Los toreros eran Víctor Puerto, Serafín Marín y Javier Cortés. Víctor Puerto llegó con la lección de Juanito Mora bien aprendida. ¿Si a él le salió, por qué no a mí?, pensaría. La verdad es que están tan vistos el uno como el otro y contra eso no se puede luchar. En el inicio de la faena a su primero se puso muy importante yendo al toro con la muleta plegada y le dio un, llamémosle, trapazo cambiado. A partir de ahí, lo de siempre, con la novedad de los doscientos descabellos y la generosidad en la medida del tiempo por parte del palco.

Javier Cortés confirmó los peores presagios sobre él. Con un año de alternativa se tenía que comer el mundo y, sin embrago, ahí está en plan estilista a ver si le sale el toro, a ver si le sale el pase, a ver si se encuentra en la calle tirado un billete de lotería premiado. No brilla con el capote, y ya podía mandar a los peones por delante, que eso no es ningún desdoro. En su segundo quiso medio ponerse un poco bien, pero la falta de fuerzas del toro y lo avanzado de la hora hicieron que nadie se fijase en su labor.
 
Dejamos para el final a Serafín Marín, que es quien cosechó los aplausos de la tarde en unas verónicas de saludo al quinto oficial, que fue sustituido por otro portugués de Canas Vigoroux el cual fue también sustituido por otro de Mauricio Soler Escobar, Mendruguito, número 16. A este tercer quinto, que no hay tercer quinto malo, Marín le plantó cara con tanto valor como escasez de recursos; le aguantó, le tragó y le robó pases con la derecha, y la emoción de la que el toreo de Serafín Marín carece la puso el toro. El toro, por cierto, era un pavo de cerca de sesenta arrobas que de salida se emplazó en los medios, hizo una feísima colada a Omar Guerra, que lo bregó con arrojo, no se empleó en varas, saliendo de naja, y en seguida dejó claro a su matador que por el izquierdo no quería. Bueno, pues esos mimbres, de entrada tan poco halagüeños, son los que sirvieron para que Serafín Marín redondease una actuación más que digna, porque es el toro quien da importancia a lo que se hace, no nos cansaremos de repetirlo, que lo mismo del Mendruguito se lo hace a un bobo de los de Mari Camacho y le ponen verde.

Con el estoque Marín es habilidoso. Se echa afuera, pero sabe meter el brazo de tal manera que clava; el estoque le queda un poco bajo y algo atravesado por el viaje que lleva el torero, pero como lo mete hasta la bayeta eso despierta el clamor del graderío. Me parece que cada vez somos menos los que nos fijamos en la ejecución de la antiguamente llamada suerte suprema.
 
P.S.- Yo he de confesar que no tenía ni idea de qué era esto de Mauricio Soler Escobar. A la salida de los toros me encuentro con los enciclopédicos aficionados J. y J. que me informan de que es ganadería sevillana, que pertenece a la Unión y que su origen es Santa Coloma y Buendía. ¿682 kilos de Santa Coloma? ¡Válgame Dios
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