miércoles, 11 de agosto de 2010

México: La tienta en Santo Domingo / Ganadería de Espíritu Santo

GUILLERMO MARTÍNEZ NUTRIÓ SU ESPÍRITU DE ARTISTA
San Luis de Potosí / México
Un día inenarrable ha disfrutado el joven artista de Jalisco, Guillermo Martínez, quien fue invitado por los gentiles y escrupulosos ganaderos de Espíritu Santo, doña Paulina Gordoa de Labastida y don Pablo Labastida Aguirre, a examinar a tres encastadas y bravas vaquillas, que han constituido otra inmejorable lección para nutrir y acrecentar el conocimiento, así como la experiencia del matador nacido en Guadalajara, Jalisco. Sí en una ganadería que tiene como lema, y así se lee en la entrada:
“En esta casa se vive:con el toro //para el toro // y por el toro”.
Una casa en donde el arte se respira no sólo a través del toro bravo, sino también en los lienzos que están expuestos en las paredes de la dehesa, que han sido inspiración de doña Paulina.
Igualmente, grata sorpresa se ha tenido, cuando en medio de las salutaciones, llegó la también querida y admirada ganadera, Doña Laura de Villasante, a quien la familia Labastida, le tiene especial cariño y reconocimiento.
Antes de entrar en el relato de los acontecimientos, importante recordar, que don Pablo Labastida, es hijo y heredero de la sabiduría y gran sensibilidad del legendario criador de toros bravos, don Manuel Labastida Igueravide, quien fuera fundador de la dehesa de Santo Domingo.
En este escenario donde la historia convive con la inmediata realidad, así comenzó el día del matador Martínez, quien por cierto, llegó acompañado de su fiel compañero, ese hermoso labrador chocolate, al que le ha llamado Gitano, y ya es muy popular.
Una vez ataviado de la indumentaria propia para esta faena campera, Guillermo piso el redondel de la hermosa plaza de tienta, y entonces fue cuando don Pablo ordenó que saliera la primera de las tres vaquillas, que al igual que sus hermanas, ha lucido ante el picador, la encastada bravura en una pelea plena de fortaleza, arrancándose de largo, y hasta en tres viajes; ya con la muleta domeñadora de Guillermo Martínez, quien tras el prólogo que determinó el tiempo y el espacio por donde deberían de acudir… la clase, calidad y emotividad en el embestir, permitieron a la inspiración del artista, recrearse en faenas donde la clase, el ritmo y la cadencia pasaron lista de presentes, conjuntando faenas que impactaron en la selecta concurrencia.
Sí, en el palco de ganaderos estaba don Pablo acompañado de su distinguida esposa, doña Paulina, así como de doña Laura de Villasante, quienes en medio de la seriedad que tienen estas experiencias en donde se examina al individuo, en este caso la vaca, que será la continuadora de la estirpe brava.
Las vaquillas fueron aprobadas con nota superior, porque así lo merecieron, y de ahí, tras acudir al cajón de curas, para darle todas las atenciones tras su comparecencia con el piquero, además de vitaminarlas… al campo bravo, para que junto al semental que les han seleccionado, den continuación al toro bravo.
Tarde que tuvo como broche de oro, mientras se contaban las experiencias vividas, con una exquisita cochinita pibil (platillo yucateco), un sabrosísimo arroz blanco, y un pastel que la amable ganadera, doña Paulina también cocinó. Cuando la noche comenzó a cobijarnos y sólo la luz de las estrellas junto a la menguada luna iluminó, vino entonces la sentida despedida de un día, que, todos al unísono, desearon pronto volver a vivir.
A ponerla en suerte...

Fijeza en el caballo

La naturalidad al natural

Don Pablo y sus notas

Guillermo Martínez admira el arte de doña Paulina

Final feliz, ¡Enhorabuena!







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