viernes, 6 de agosto de 2010

Además de los toros, ¿por qué no prohibimos los políticos? / Por Francisco Rubiales

Votando contra España en el Parlamento de Cataluña
Además de los toros,
¿por qué no prohibimos los políticos?

"...La política, cuando está degradada y en manos
de dirigentes pésimos, es mil veces más vil
y deplorable que la fiesta nacional..."


Por Francisco Rubiales
Las mismas razones que se esgrimen para suprimir la corrida de toros sirven para justificar la prohibición de los numerosos malos políticos de España.

La Cataluña política, cada día más proclive a la prohibición y al totalitarismo, ha suprimido la tauromaquia por voluntad parlamentaria, con 68 votos a favor, 55 en contra y 9 abstenciones, sin que esa prohibición responda a demanda popular alguna. Lo han hecho en realidad porque la lidia "huele" a España, pero las razones esgrimidas son otras, básicamente dos: la llamada "fiesta nacional" tortura a los animales y el espectáculo taurino es contraproducente y poco recomendable para una sociedad moderna.

Es curioso, pero esos mismos argumentos sirven para prohibir a los malos políticos, causantes de la tortura diaria de los ciudadanos españoles y protagonistas del obsceno y deleznable espectáculo de la "democracia degradada" española, corrupta, infectada de ladrones y poco recomendable para la ética y para la salud de una sociedad moderna y avanzada.

Suprimir a los políticos sería, además, más popular, rentable y ejemplarizante que suprimir la fiesta taurina. El suplicio que los políticos causan al ser humano no es comparable con el que los toreros y la "industria" que se mueve en torno a la tauromaquia causan al toro de lidia.

Los ciudadanos no derramarían una sóla lágrima por esos políticos que ya aparecen en las encuestas señalados por la ciudadanía como el tercer gran problema de España. Los toros, curiosamente, no aparecen en esa lista, ni quiera entre los cien problemas principales del país.

Por culpa de los políticos, muchos ciudadanos son despojados a diario de su derecho al trabajo, arrojados sin misericordia a la pobreza, despojados de sus viviendas por falta de pago, avergonzados porque no pueden llevar comida y dignidad a sus hogares.

Prohibir las corridas de toros va a costarle a cada ciudadano de Cataluña poco más de 50 euros, pero prohibir a los políticos nos haría prósperos y, probablemente, ricos a todos los españoles, que no tendríamos que pagar sueldos del erario público a cientos de miles de parásitos, que no aportan a la sociedad nada positivo.

Si el espectáculo de los toros heridos y muertos en la plaza es deplorable, el de los políticos es dantesco. La corrupción pública, los privilegios inmerecidos, la arrogancia, el despilfarro, el endeudamiento y el mal gobierno constituyen una exhibición que avergüenza, degrada al ser humano como especie y produce tortura, insatisfacción y rabia a millones de ciudadanos españoles.

La política, cuando está degradada y en manos de dirigentes pésimos, es mil veces más vil y deplorable que la fiesta nacional.

Prohibir a políticos de la estirpe de Carod Rovira y de otros muchos nacionalistas catalanes, despilfarradores, arrogantes, estimuladores de la reivindicación permanente, del odio y de la envidia, empeñados en separar, dividir y enfrentar, tiene más sentido, más dignidad y más alcance ético que prohibir los toros en Cataluña.

Os lo juro.

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