domingo, 14 de noviembre de 2010

VENEZUELA: EN VALENCIA BERNARDO VALENCIA TRIUNFO LO GRANDE CON EL CID

 Bernardo Valencia definitivamente se ha ido de los ruedos, y lo ha hecho a lo grande, dejando en la retina una tarde de suprema raza y entrega, ante un público incondicional.
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El Cid comparte la Puerta Grande
BERNARDO DICE ADIÓS, TRIUNFANDO A LO GRANDE

Rubén Darío Villafraz

VALENCIA (Enviado especial).- 14/XI/2010.- La corrida tuvo su retraso de tres horas, tras el diluvio que acostumbra hacerse presente por días feriales. El ruedo había quedado un anegado arenal donde la improvisación de los areneros de plaza hizo trabajar in extremis, para tener un ruedo en parte óptimo para la función.

El ambiente de la jornada de hoy tenia un protagonista muy especial. Era la despedida de un torero paradigma para la fiesta brava venezolana. No es otro que Bernardo Valencia, ídolo en esta plaza y en otras más, donde su valor, entrega y vergüenza torera hizo afición. En síntesis, toda una referencia para la posteridad del toreo en nuestro país.

Abrió plaza el rejoneador Francisco Javier Rodríguez, frente a un manso y deslucido ejemplar del hierro de Vistahermosa, animal manso de de solemnidad que se aquerenciaría en tablas, lo que unido a su escaso recorrido hizo de su labor un transito de aburrimiento y ganas sin poder lograr lucimiento alguno. De lo mejor, una farpa por los adentros, antes de exponer en demasía para despachar de tres intentos con el rejón de muerte.

Bernardo Valencia les comentaba era el protagonista de la tarde. Desde temprano se le vería en el Patio de Cuadrillas con las ansias de aquel que aún conserva la ilusión por el triunfo como la primera vez. Así salió Bernardo, un torbellino de emoción desde su saludo de capote, con afarolado de rodilla en tierras en el tercio, pasando por banderillas, con su característico “par de la silla”, hasta su faena con la pañosa. Faena ante su primero de altibajos en la muleta, intercalando momento de toreo ortodoxo con otro de su ya conocido repertorio. Noble ejemplar que le dejo estar en lo que siempre fue, un guerrero en el ruedo, a tal punto de no dejarse nunca ganar la pelea. La estocada entera dio pie a la generosa concesión de las dos orejas, el cual el palco le aseguraba su triunfal Puerta Grande.

Mayor intensidad y emoción se le vio en su segundo, quinto de la corrida, frente a un castaño de cómodos pitones, pero un vendaval de bravura, del que supo aprovechar Bernardo, como en sus mejores tiempos. En el capote, alegre fue su saludo con larga cambiada en el tercio, para luego por verónicas recrearse. En banderillas, colocaría con solvencia los garapullos, en pares cortos, desde distintos terrenos de la plaza. Y así entrar de lleno en la faena de muleta frente a un animal de brava acometida, que nunca rehusaría la pelea, a pesar del minúsculo picotazo que recibió, del que sacó lo mejor de su repertorio Bernardo, gustándose y dejando ver desde la larga, la media y corta distancia un toro que se fue creciendo a medida que transcurría labor. Los tres cuartos de espadazo dejados en esta oportunidad previos a un pinchazo dieron pie a la concesión de una oreja, así como la vuelta al ruedo al toro, del que colocamos el asterisco de su minúsculo castigo en varas.

Hacía su debut en esta plaza, Julio Aparicio. Confieso que viendo las condiciones del ruedo y entendiendo el talante de este diestro, pensábamos que iba ser mero trámite su estreno en Venezuela, pero no lo fue así. Nos encontramos con un torero con ambición y ganas de lucir su mejor faceta, en toreo de postura y sentimiento en cada lance y pase que instrumentó. Las series, cortas pero intensas, contaron con el sello personal de un espada, de detalles caros, que llegaron rápido al tendido. La ración de tres cuartos de estocada ligeramente trasera sirvieron para que a sus manos se llevara la oreja, que luego devolvería en su segundo, en esta ocasión frente a un animal parado, y corto de recorrido, el cual nunca se encontró a gusto. Se justifico, y tras varios pinchazos, se le silencio con consideración.

“El Cid” de nuevo hacía el paseíllo en esta plaza, justo 24 horas después. En esta oportunidad hemos contado la ocasión de ver el mejor Cid que esperábamos. Su primera faena, hay que reconocer que fue difuminada, de intermitencias, de momentos sueltos que no lograrían entrar en calor a un publico que pese a todo le pidió con insistencia los acordes musicales. A destiempo se le colocaría, con inmediata reacción del torero que a base de insistencia y ambición le robo pases a un toro de escaso celo por las telas y si excesiva sosería. El espadazo traserito y tendido, para cortar una barata oreja.

Pero la contraparte se gestaría en el que cerró plaza, parejo ejemplar, mas en tipo, que llevaría a descubrir en sabroso saludo por verónicas, toreando con los vuelos de su capote. Luego, tras medido castigo, el toro desarrollaría un tranco propicio para por la zurda “El Cid” se recreara en ofrecernos un recital de buen toreo, llevando largo y templada la embestida noble y entregada de uno de los buenos toros que sen trajo de Las Porqueras, Don Hugo Domingo Molina. Labor que no tendría la misma intensidad por la diestra, donde decidió el torero no entrar en muchos detalles. El estoconazo, ligeradamente desprendido y trasero tras doblar el toro le aseguró las dos orejas que le permitirían acompañar en volandas al torero local, en corrida de mucho sentimentalismo por el torero retirado.

Al final, la imagen de los dos toreros saliendo en hombros seria fiel reflejo de una tarde entretenida donde la raza y entrega de un torero contaron a la par el sentimiento y arte de un coleta en gran momento.


FICHA DEL FESTEJO

Con poco más de media plaza, con retraso de tres horas el comienzo del mismo, se han lidiado cuatro toros de RANCHO GRANDE y dos de EL PRADO (2º y 6º) (Hugo Domingo Molina), y uno para rejones de VISTAHERMOSA (1º), en su conjunto anovillados, con engañosa referencia en tablilla de los pesos, dispares de juego, destacando por su juego los corridos en 2º, 5º (premiado con la vuelta al ruedo) y 7º lugar. El de rejones, un manso aquerenciado y parado.
Pesos: 440, 448, 464, 430, 450, 490 y 500 kilos.

FRANCISCO JAVIER RODRÍGUEZ
Silencio

BERNARDO VALENCIA
(Verde Esmeralda y oro)
Dos orejas y una oreja

JULIO APARICIO
(Corinto y azabache)
Oreja y silencio

EL CID
(Azul rey y oro)
Una oreja y dos orejas

INCIDENCIAS: En banderillas destacó Mauro David Pereira. *** La corrida comenzó con un retraso de de tres horas debido al torrencial aguacero que se vino una hora antes del inicio del festejo. *** Presidió el espectáculo César Sánchez. *** Julio Aparicio debutó en Venezuela con el toro «Don Álvaro» Nº 28 de 448 kilos de Rancho Grande. *** El acto de corte de coleta tuvo lugar al final de la lidia del 5º toro, cuando en realidad debió haber sido reglamentariamente al final de la lidia del 7º.


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