viernes, 19 de noviembre de 2010

Saludo y Homenaje a la Afición Catalana / Por Fernando Claramunt

 Saludo y Homenaje a la Afición Catalana
Por Fernando Claramunt López

Circulo de Amigos de la Dinastía Bienvenida
Madrid, 22 de Noviembre del año 2010-11-19

Muy queridos amigos: Hace una semana he estado en Barcelona presentado un libro de toros. Hoy nos reunimos para hablar de toros y de nuestra afición a los toros. Al mismo tiempo nos reunimos para dar un abrazo a la afición taurina de Cataluña y expresarles nuestro afecto, nuestra amistad als postres amics de Catalunya, o millor dit, als postres germáns de Catalunya, porque sois más bien hermanos que amigos nuestros. Sois las dos cosas. Lo ideal hoy día sería no tener necesidad de rozar los espinosos matorrales de la realidad política. Yo quisiera hablar solamente de toros. Sin embargo, no puedo dejar de contaros un hecho que se produjo la semana pasada durante la presentación de mi libro de Tauromaquia en Barcelona. A poco de comenzar, se me deslizó una expresión que nunca debí emplear: aludí , de pasada a: “la unidad de España”. Al oirla, me increpó uno de los asistentes. Gritó que no había venido para oir hablar de política. Los demás asistentes le llamaron callar a viva fuerza.

Por eso citaré unas palabras de Don Américo Castro, uno de nuestros más ilustres pensadores sobre la realidad de España y el ser de los españoles. Son palabras escritas a su regreso de una visita a Cataluña en abril de 1930: 

“Queridos amigos de Cataluña, recordaremos nuestros gozos y desventuras comunes. Si aún los más separatistas, reconocen, después de la separación habríamos de juntarnos de nuevo ¿porqué gastar nuestra vitalidad en entendernos, en vez de amenguarla entre Madrid y Barcelona? ¿Vuestra lengua? Pues, ¿Qué duda cabe? Cataluña ha de ser bilingüe, franca, abierta y lealmente bilingüe. 

El mismo historiador, Don Américo Castro, en el mes de julio de 1935 escribe “El sol”: es muy posible que antes de un año la extrema izquierda haya tomada la barra del timón nacional... la sombra de democracia que aun gozamos se habría esfumado del todo......lo que pasa en Cataluña puede pasar en Valencia, Baleares y Galicia, donde hay partidarios de un bufo imperio galaico-luso brasileño...”
(esto, que cito de memoria lo escribió Don Américo Castro casi un año antes de que estallara el conflicto fraticida de 1936).

Hablemos pues de nuestros gozos y desventuras, que nos unen fraternalmente a todos los aficionados a los toros en España y por lo que comienza a entreverse ciertas desventuras las padecen los franceses del Midi, en especial lo des Frejús, así como en algunos países sudamericanos, en los cuales la epidemia antitaurina también se deja notar.

Saludo de todo corazón a los tres representantes de la afición catalana que han tenido la atención y la cortesía de acompañarnos en este acto. A los tres los saludo por igual, con la misma simpatía y admiración, junto al abrazo al matador Serafín Marín y el no menos cordial abrazo al cronista taurino de La Vanguardia, permítame que deje correr la espita de mi estrecha amistad con Don Fernando del Arco y del Izco. Este don Fernando es catalan de adopción, aunque nacido, y amucha honra en Arroniz en el Reino de Navarra. Mi admirado tocayo es un brillante escritor taurino y un feliz compilador de documentos y textos de gran interés histórico. Compartimos idéntica devoción por “Manolete”, que como todo el mundo sabe salió catapultado a la cumbre y en ella se mantuvo gracias en parte a sus repetidas actuaciones en la Monumental de Barcelona. Él y yo hemos dedicado varios libros al inolvidable torero de Córdoba. Fernando lo vio torear más veces que yo, que no pasé de verle en doce corridas. Pero él tenía la suerte de vivir en la taurinísima Barcelona. Y tiene fotos a su lado y hasta un autógrafo. Yo no pasé de hacerle una foto en la puerta de cuadrillas, después de haberle pedido permiso, tartamudeando por primera y única vez en mi vida. Uno de los últimos libros de mi tocayo se titula “Parnaso Manoletista”. En él recopila poesías dedicadas a Manolete. Es un gran libro, muy meritorio, a pesar de que el valor estrictamente literario o poético de cada una de esas composiciones es, forzosamente, muy desigual. Pero es un testimonio de enorme valor para los aficionados. Bien merece una segunda edición, que aún gustará mas. Fernando del Arco no pierde corrida en la Monumental Barcelonesa y es puntual cronista de lo que allí sucede. Por si fuera poco, además, redacta textos para los folletos que, ilustrados por los mejores pintores taurinos actuales se entregan a los espectadores a su llegada a la plaza. Se me ocurre ahora que D. Fernando del Arco y de iIco también debería entregar otros folletos, con el texto algo diferente, destinados a los antitaurinos que se congregan a las afueras para molestar.

Hemos recordado el ascenso y mantenimiento en la cumbre del toreo de Manuel Rodríguez “Manolete” en relación con Barcelona. Lo mismo sucedió con Carlos Arruza, después de su sensacional presentación en Madrid el 18 de julio de 1944. de otros diestros, recuerdo sus inicios en Barcelona: Guardo fotos de los comienzos novilleriles de Julio Aparicio, de Antonio Ordoñez y de un jovencísimo Pepín Martín-Vázquez, con cara de niño, metido en un terno bordado con azabache. Su hermano mayor, Manolo, que me honró con su amistad, tuvo tarde triunfales en Barcelona desde sus tiempos de novillero en los años de la inmediata postguerra. De esa época data la anécdota de cierto novillo que le trajo de cabeza en el primer tercio. Pero salió un picador y con una vara muy bien puesta cambió la conducta del Toto y lo convirtió en pastueño sin haberle quitado fuerza ni nervio. Eso permitió a Manolo Martín-Vázquez realizar con aquella elegancia que solo él tenía, un brillante tercio de banderillas y una excepcional faena de muleta que le valió las dos orejas. Manolo, que rebosaba de gracia sevillana y torería, se dirigió al Presidente y por señas le hizo saber su agradecimiento por los trofeos. Pero le dijo que de las dos orejas una sería para el como matador, y la otra la merecía el picador. Y así dieron maestro y piquero la vuelta al ruedo entre ovaciones. El veterano varilarguero lloraba de emoción al lado del joven novillero. En Barcelona recibió mi amigo Manolo Martín-Vázquez la alternativa de manos de Manolete, primera alternativa que concedió el torero de Córdoba. Manolo me contó las palabras del padrino: “Tocayo, te deseo mucha suerte. Y te dejo solo con tu secretario”. (el toro de la alternativa se llamaba así).

Corresponde a nuestros amigos de la queridísima y taurinísima Barcelona donde hubo y hay escritores taurinos de primerísima categoría (recuerdo entre los ya desaparecidos a los ORTS Y RAMOS, uno asesgo y medio asesgo, de ascendencia alicantina y a mi colega, por tres veces colega, el Dr. Mariano de la Cruz Tovar, médido especialista en psiquiatría y escritor taurino, así como el historiador y gastrónoma Nestor Luján) escribí la historia de sus plazas, tres a la vez durante algunos años, en la Ciudad Condal. Y que nos cuenten ellos anécdotas ocurridas en esas tres plazas y en las de Tossa de Mar, Figueras (inaugurada por “El Espartero” en vísperas de su muerte en el ruedo madrileño en 1894), o la de Olot, tierra natal del pintor taurino Luis Badosa, hoy afincado en Bilbao, así como que nos digan lo acaecido en las Plazas de Reus, Calella, Caldas de Montjuit, Manresa, Tarrasa, Sabadell, Vich, Gerona, Llorete de Mar, San Feliú de Guixols, Amposta, Tarragona, Mora de Ebro y Tortosa, entre otras plazas de toros. Todas ellas acreditan una tradición gloriosa y añeja. Podríamos trazar sus orígenes remotos desde al menos, la España visigoda, en tiempos de Siseguto: un rey regañó al Obispo de Barcelona por su afición desmedida a las corridas de toros. En la Edad Media, en tiempos de Pérez el Ceremonions y sus hijos, hay constancia escrita de la afición de este Comarca “el amador de todas las gentilezas”, convertido ocasionalmente en empresario de festejos taurinos. En cuanto al siglo XIX, parece que los primeros toros metidos en cajones fueron los enviados en Barcelona por tren en 1863. La primera música en honor a un torero fue interpretada en Barcelona durante la faena de muleta de “Lagartijo el Grande” el 13 de mayo de 1877. (debo estos dos últimos datos al cuidadoso documentalista taurino D. Fernando García Bravo). También en esto fue primero en España, con independencia de que antes existiera, una jota en honor de José Redondo “El Chiclanero”. Y el primer pase mirando al tendido lo dio Ángel Luis Bienvenida en Barcelona siendo novillero. Manolete lo supo y a los pocos días lo repitió, acogido con grandes aplausos.

En estas tareas de recoger anécdotas y datos históricos pueden realizar una gran aportación los escritores actuales – y que vivan muchos años para bien de la Fiesta y de la afición catalana y del resto de España- Antonio Santa Inés, Juan Segura Palomares y el gran “Juanele”, creador de la revista “Caireles” que hoy continúa D. Fernando del Arco. Elogiemos al periodista radiofónico de Radio Hospitalet D. Luis María Gibert, así como a su esposa Dª. Elvira Checa, autora, además de “La Puerta Grande”, del primer pasodoble torero con sardanas que yo conozco, dedicado a la Plaza Monumental de Barcelona. Dª. Elvira Checa es autora de la música y de su letra, o texto, bilingüe.
A nuestros tres homenajeados de hoy, que viene en representación de la Afición de nuestra querida y taurinísima Barcelona y de nuestra querida y taurinísima Cataluña, les deseamos lo mejor.

Fernando Claramunt López
Presidente del Círculo de Amigos de la Dinastía Bienvenida.

 

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