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viernes, 9 de septiembre de 2011

VALLADOLID: Triunfa Leandro en la séptima de José Tomás


Triunfa Leandro en la séptima de José Tomás

--Esperaban todos que, a la séptima, sería la vencida: que José Tomás lograría, ¡por fin!, abrir la puerta grande en Valladolid


"...Esto es lo que he visto. La reflexión es fácil: José Tomás, un gran torero, se beneficia —o perjudica, según— de una expectación desmesurada. No es extraño que acuse la inactividad de muchos meses, después de la grave cornada. Ni que elija una campaña cómoda y no quiera las cámaras de televisión en directo..."

ANDRÉS AMORÓS / ABC
Esperaban todos que, a la séptima, sería la vencida: que José Tomás lograría, ¡por fin!, abrir la puerta grande en Valladolid, después de no haberlo conseguido en Valencia, Huelva, Bayona, Gijón, Ciudad Real y Linares. No ha podido ser. Sí se ha cumplido una nueva tradición: el triunfo del «tercero». Tendremos que empezar a creer en la bendición de torear por detrás de José Tomás. El que sale a hombros es Leandro, después de una faena completa, premiada con dos orejas; podría haber tenido una más, en el último, si mata bien. A Manolo Sánchez lo despiden con cariño sus paisanos. José Tomás... digamos que no cumple las enormes expectativas que había suscitado.
Los toros de César Rincón flojean bastante pero, en general, son nobles, de suave embestida; el mejor, el tercero; el más complicado, el quinto.
Torea por última vez en su tierra Manolo Sánchez. Recordamos a aquel rubio novillero que nos fascinó en Madrid, hace años. Al primero, muy parado, lo cuida con mimo; muletea aseado, con finura, pero el toro se cae, el trasteo carece de emoción.
El cuarto flojea, embiste a media altura. Manolo logra algunos naturales estéticos. Prolonga la faena, el público se impacienta. Mata bien a los dos, esta vez. Una vez más, muestra su buen estilo pero... Parece el sino de su carrera.

El mejor toro

Reaparece Leandro, quizá precipitadamente, después de una grave lesión. Tiene la fortuna de llevarse el mejor toro, el tercero: flojea, lo pican al relance, en chiqueros, pero va a más en la muleta. (¿Es eso suficiente para que le den la vuelta al ruedo?). Leandro aprovecha plenamente su oportunidad: corre la mano superiormente, con la muleta planchada; consigue series ligadas, con ritmo. Torea lo que quiere y como quiere. Esta vez, no lo estropea, como tantas, con la espada: se vuelca, sale con la taleguilla rota, corta dos orejas.
Otra más ha debido cortarle al sexto, que aprieta en dos entradas al caballo. Lo brinda a Manolo Sánchez: le da espacio, conduce las embestidas, muy despatarrado; liga naturales y de pecho. A veces, se acelera un poco. Y falla con la espada.
Es difícil mantener la serenidad ante el mito de José Tomás pero el crítico debe intentarlo. El segundo sale muy suelto. Lo recibe con delantales estéticos, haciendo el poste, y el toro, lógicamente, se va; tiene clara tendencia a chiqueros. Quita por chicuelinas con el compás abierto. (No sé en qué mejora este lance abrir las piernas: así, ni manda más ni carga la suerte). Brinda a su veedor, Joaquín Ramos. Comienza haciendo el poste: al tercer muletazo, el toro lo trompica y pisotea. Vuelve a hacer el poste. (Recuerdo bien las frases de Corrochano sobre esta forma de torear). Consigue derechazos y naturales suaves. El toro se cae y sufre un desarme. Liga tres veces el pase de las flores con derechazos. Pincha y recurre a manoletinas. Ha recorrido todo el ruedo: faena en tono menor, con poco toro. Alguien grita: «¡Viva la República!» (¿)
Recibe al quinto con verónicas armoniosas y se ve en apuros, por no saber por dónde va a salir el toro. Acompaña con delantales suaves. El toro queda cortito, sale con la cara a media altura. Aguanta el diestro en derechazos que no logran corregir el defecto. Corren por la Plaza vientos de decepción. Le engancha la muleta y corta la faena.
Esto es lo que he visto. La reflexión es fácil: José Tomás, un gran torero, se beneficia —o perjudica, según— de una expectación desmesurada. No es extraño que acuse la inactividad de muchos meses, después de la grave cornada. Ni que elija una campaña cómoda y no quiera las cámaras de televisión en directo.

domingo, 31 de julio de 2011

Los toros pasan a Cultura / Por Andrés Amorós


Los toros pasan a Cultura 


-El Ministerio de Sinde asume el fomento y la difusión de la Fiesta y Rubalcaba salva la cara-

-Lo conseguido es simbólico: ni subvenciones ni reducción del IVA ni Bien de Interés Cultural. Lo que sí puede y quiere hacer es ayudar al fomento y la difusión de la Fiesta-

-Se ha cumplido lo que siempre advirtió ABC: no puede tomar Cultura lo que está transferido a las Comunidades Autónomas, incluida la policía de espectáculos-

 Andrés Amorós
ABC.- 30/07/2011.-
El mismo día que Zapatero anuncia el adelanto electoral, el Ministerio de Cultura anuncia que asume las competencias en materia taurina. El refranero dice: «Nunca es tarde si la dicha es buena». Pero también habla del parto de los montes: después de tan larga espera... parió un ratoncillo. El candidato Rubalcaba salva la cara: se cumple lo que él se apresuró a prometer... porque sabía que tenía escasa trascendencia, salvo la simbólica.

Se ha cumplido lo que siempre advirtió ABC
: no puede tomar Cultura lo que está transferido a las Comunidades Autónomas, incluida la policía de espectáculos. Sí asume la promoción y el fomento (basados, lógicamente, en el estudio y análisis de la situación), y el registro de profesionales. Administrativamente, todo se reduce a asumir la Secretaría de la Comisión Consultiva Nacional. Sabía ABC que Cultura tenía este Real Decreto preparado hace tiempo. Si no lo ha aprobado antes ha sido por la falta de unidad del sector taurino: si los interesados no contestaban de modo unitario, ¿para qué se iba a dar prisa el Ministerio?

Pretensiones y hechos

Los profesionales taurinos pretendían la creación de una Agencia específica, dentro del Ministerio de Cultura, con el nivel de una Secretaría de Estado o una Dirección General. En la actual crisis económica, era utópico. En su defecto, proponían los taurinos su integración en el Inaem, algo que algunos, erróneamente, dieron por hecho y que tampoco permitiría su acceso a las líneas de ayuda del Ministerio: el Inaem no tiene líneas genéricas sino unidades de producción propias y una convocatoria pública de ayudas, en la que de ningún modo encajan los espectáculos taurinos. ¿Se imaginan una ayuda ministerial al empresario para organizar la Feria de Abril o San Isidro? Administrativamente, todo ha quedado en asumir la Secretaría de una Comisión: un funcionario con experiencia en ese sector, nada más.

En contra de lo que se dijo, tampoco estaba resuelta la reducción del IVA. El Ministerio de Cultura no puede, por sí solo, reducirlo, para la Tauromaquia. Sí podría solicitarlo al Ministerio de Hacienda, que tendría que conseguir, para ello, la correspondiente autorización europea. Opina el Ministerio que el IVA reducido es una reivindicación común a todos los sectores de la industria cultural y su prioridad se centra ahora en los contenidos culturales en la Red.

El Ministerio se ha mostrado contrario a la declaración de la Tauromaquia como Bien de Interés Cultural. Aduce que, para ellos, los toros son ya cultura ( si no, no recibirían la Medalla de Bellas Artes los taurinos) y que esa declaración no existe en los casos de la danza, la música, la escultura... Quizá influye, en el fondo, que ésa ha sido una propuesta del PP...

Lo conseguido es simbólico: ni subvenciones ni reducción del IVA ni Bien de Interés Cultural. Lo que sí puede y quiere hacer es ayudar al fomento y la difusión de la Fiesta: por ejemplo, organizando eventos culturales o campañas de comunicación, para que la sociedad comprenda mejor los valores culturales, económicos y ecológicos de la Fiesta... Algo es algo, diría un calvo (no me refiero a ningún candidato).

Conviene recordar otra cuestión: si los toros hubieran formado parte ya de Cultura, ¿se hubiera evitado la prohibición catalana? Respuesta tajante: no. Para eso, habrá que luchar —poco a poco, desde cada una de las Comunidades Autónomas y desde Hispanoamérica, Portugal y Francia— para conseguir que la Unesco reconozca a la Fiesta como Patrimonio Cultural: ésa sí que sería una auténtica coraza.
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Enlace relacionado:
El Ministerio de Cultura asume competencias en materia taurina

viernes, 15 de julio de 2011

PAMPLONA: Dos orejas para El Juli y dos cornadas a Juan Mora / Por Andrés Amorós

--Momento de la cornada a Juan Mora--

Dos orejas para El Juli y dos cornadas a Juan Mora
en la última corrida de los Sanfermines
ABC.- Día 14/07/2011 - 22.40h
La Feria del Toro termina con tragedia: cornada grave de Juan Mora. Y con triunfo: El Juli abre de nuevo la puerta grande al cortar dos orejas. El percance del extremeño sucede en el cuarto toro de Núñez del Cuvillo, «Barrilero», castaño, cinqueño, de 580 kilos, serio y enmorrillado. El dramatismo se acrecienta porque era previsible: al recibirlo con el capote, había sufrido ya un pitonazo, daba la impresión de que el diestro no estaba en condiciones.

Tiene Juan la costumbre de desmayar la mano, desde los primeros lances. Eso resulta estético pero no ayuda a dominar al toro. En este caso, casi nadie ha advertido que la res le había dado un pitonazo seco, en la zona del escroto. Al concluir la serie, el diestro se ha retirado a la barrera cojeando, con claros gestos de dolor. Sale de nuevo, con la taleguilla remendada, y se le ve inseguro: sufre un desarme; poco después, cae en la cara del toro. Felizmente, le hacen el quite. El toro ha manseado, se defiende. Se empeña Juan en continuar: dibuja preciosos doblones, rodilla en tierra, y un molinete para salir del trance. Al intentar un pase de pecho, es corneado por detrás. La impresión es de herida grave.

Se trunca el sueño

Se trunca así el sueño que está viviendo Juan Mora esta temporada. Su famosa faena de Madrid le ha abierto de nuevo las puertas para las Ferias. Sin triunfos clamorosos, está dejando constancia de su torería clásica. A Pamplona vuelve hoy después de catorce años: en el toreo, toda una vida. Su primero se deja pero es flojo, parado, se queda corto. Luce Juan sus buenas maneras en los delantales de recibo y al iniciar, por bajo, la faena de muleta. El toro se queda a mitad del pase: no hay nada que hacer, aunque Mora está valiente y porfión. Con el estoque de verdad dispuesto, como acostumbra y es de elogiar, mata con habilidad de media estocada. La primera parte de la corrida ha sido desastrosa. Los toros de Cuvillo, tan apetecidos por las figuras, han sido un fiasco; están aceptablemente presentados, en escalera (más de cien kilos de diferencia), bien armados pero su comportamiento es nulo: parados, mansos, apagados...
El primero del Juli, «Aguador», con pitones, el más rápido en el encierro, sale con muchos pies, empuja codicioso en la primera vara y se viene abajo. Julián lo prueba, firme, pero es imposible arrancar muletazos a un marmolillo, ni metiéndose entre los pitones. Para colmo, se echa y, como no hay manera de levantarlo, hay que apuntillarlo.

El desastre total continúa en el primero de Castella, manso (intenta saltar la barrera), noble, flojo, se quiere ir a chiqueros. Se deja pero sólo tiene media arrancada. Y el colmo: en plena faena, se desentiende de la muleta y del torero. A estas alturas de la corrida, la reflexión es terrible: buscando el toro que «se deje», hemos caído en esto.

Cambia la cosa en el quinto, muy veleto, con dos «velas» tremendas. Lo cuidan en varas y se mueve, embiste con largura. En el centro del ruedo, El Juli lo domina totalmente: liga los muletazos por los dos lados, remata con pases de pecho, encadena circulares completos con cambios de mano, impávido; se adorna con trincherillas. Entra con decisión: aunque la estocada es defectuosa, el clamor popular exige las dos horas. Cierra así triunfalmente su Feria.

El sexto es el más grande, un hermoso toro, que empuja al caballo y luego flojea. Mete bien la cabeza al principio pero pronto se apaga, se defiende. La faena es intermitente, con algunos enganchones.

«La suerte y la muerte»

No es un tópico sino la realidad de la Fiesta: sangre y triunfo. «La suerte y la muerte», decía Gerardo Diego. Pero, para eso, hacen falta toros encastados, no animales que «se dejen». Lo escribió en Pamplona, hace años, alguien tan poco tremendista como Antonio Díaz-Cañabate: «La Fiesta no es inhumana pero tampoco cómoda. Humanizarla es exponerla en un plazo corto, pero sí fatal, a su desaparición. Para que la Fiesta subsista con la misma fuerza es menester criar el toro bravo, íntegro en su fiereza. Lo demás es un remedo, una parodia triste y monótona».

Así ha sido siempre la Fiesta, así tiene que seguir siendo. Su grandeza se basa en el dominio del toro y en la sangre de los valientes

jueves, 14 de julio de 2011

Momenticos de San Fermín / Andrés Amorós

El Cid intenta zafarse del primer toro de El Pilar, que le propinó un duro arreón

Momenticos de San Fermín

-Momenticos» es una expresión que usan los pamploneses para reivindicar, en su Fiesta, aspectos entrañables, algo ocultos por el ruido de la charanga-

 Andrés Amorós / Pamplona
 
ABC / Día 14/07/2011
Los toros del Pilar lucen seria presentación pero juego decepcionante: el primero, manso peligroso, se lleva por delante al Cid. Los demás, nobles, flojos, parados, apagados... El Fandi sólo brilla en banderillas; Luque, en algunos muletazos sueltos. Tarde gris en el cielo y en el ruedo. Ha llovido y bajado la temperatura; todos llevamos jersey o cazadora roja; asoma ya un horizonte de melancolía por el final de la Fiesta.

«Momenticos» es una expresión que usan los pamploneses para reivindicar, en su Fiesta, aspectos entrañables, algo ocultos por el ruido de la charanga. Todos podemos disfrutarlos. Por ejemplo, éstos: en el ruedo de la Plaza, un niño torea a su abuelo, que hace de toro para el capotillo de su nieto. En el Paseo de Sarasate, los mayores se entusiasman escuchando jotas, como ese «Yo te daré», que tanto le gustó a Shostakovich. En San Lorenzo, mucha gente hace cola para ver al «moreno», como llaman a San Fermín «los de confianza». A la salida, siguen vendiendo las ristras de ajos que encantaron, hace años, a Antonio Díaz-Cañabate. En la Plaza de San José, junto a la Catedral, en una sombra y silencio deliciosos, una pareja forcejea porque intenta leer a la vez el mismo periódico. En el Casco Antiguo, un cantante callejero entona «El relicario»: «Un día de San Eugenio...» En medio del barullo nocturno, veo un cartel en una iglesia: «Adoración Perpetua al Santísimo». Entro: está casi llena. En la Comparsa, «Caravinagre» persigue a los niños, que le desafían: «Kiliki, kiliki, con el palo no, con la verga sí». Junto al Museo, una pareja «hace la estatua», como algunos toreros: no sé si se están dando un beso o si, juntos, se han quedado dormidos... Momenticos.

El primer toro del Cid huye claramente a chiqueros, embiste con oleadas de manso. El diestro, lógicamente, no lo ve claro. Sufre un achuchón y corta la faena pero no acierta al matar. Después del cuarto pinchazo, en un inesperado arreón, el toro se lo lleva por delante. No parece herido pero sí dolorido y muy enfadado.

Se cambia el orden de lidia en la segunda parte: sale de la enfermería El Cid para torear al cuarto en quinto lugar: con ganas, dibuja buenas verónicas. En varas, le pega demasiado Manuel Jesús Ruiz, el toro se apaga. Los buenos muletazos carecen de emoción porque el animal se ha parado por completo. Insiste El Cid pero sin fruto: una tarde que no recordará con agrado.

De «Resistor» a «Resistón»

Una letra separa sólo al nombre de los dos toros del Fandi: de «Resistor» a «Resistón». El primero sale codicioso, transmite. Brilla Fandila con el capote (larga, verónicas, chicuelinas) y en las banderillas, ganándole bien la cara. El toro repite, es noble pero tardea. La faena se diluye entre vueltas y efectismos. Mata con facilidad.

Su segundo toro es el famoso «Resistón» que ha corrido como una bala en el encierro, todavía más que el «Denunciante» del otro día: un precioso castaño, noble pero muy justo de fuerzas. Banderillea con facilidad David, demuestra que corre más que el toro. En la muleta, el toro se para, no le deja estar a gusto: una porfía sin brillo. Buscamos todos el chiste fácil: «Resistón» ha resistido demasiado poco.

El tercero, «Huracán», no llega ni a brisa: flojea, no repite, se apaga; la embestida es cansina, no dice nada. Luque da muletazos uno a uno, sin posible emoción. Mata desprendido, alargando la mano.

El último es un manso huido que intenta saltar. Logra Luque alguna buena verónica pero el toro aguanta sólo una tanda de derechazos. Faena ligerita, con vueltas y pases del desprecio. Vuelve a matar mal.

Mi vecino, de Nimes, me da el resumen: «Toros con pitones, sin motor ni fuerza. Pura fachada». ¿Serán así los de la reaparición de José Tomás? Menos mal —me consuelo— que, en San Fermín, hay otros momenticos.

miércoles, 13 de julio de 2011

El Juli manda en Pamplona / Por Andrés Amorós

¿El Juli también manda en los pitones del victoriano?
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 El Juli manda en Pamplona

En la primera de sus comparecencias, El Juli corta tres orejas, sale a hombros; además, manda




Por Andrés Amorós / Pamplona


ABC.-  Día 13/0772011

En la primera de sus comparecencias, El Juli corta tres orejas, sale a hombros; además, manda. Para mandar aquí, hace falta, obviamente, estar aquí, lo que varias figuras no han hecho. Y estar como ha estado Julián: con capacidad, ambición y seguridad totales. En una Plaza no fácil, ha dado un puñetazo en la mesa. Viene de triunfar en Barcelona: Rosario Pérez calificó de casi perfecta una de sus faenas. No digo yo hoy tanto pero sí que es ahora un valor taurino absolutamente seguro, no como esos de la Bolsa que a tantos angustian. Miguel Ángel Perera también ha conseguido una buena faena y una oreja. Curro Díaz, sólo detalles. En una tarde tormentosa, el público lo ha pasado en grande.
Si se han cortado cuatro orejas, ¿tan buenos han sido hoy los toros? Distingamos. En el querido Club Taurino de Pamplona he charlado con Ignacio Usechi y otros amigos: ya pueden suponer de qué... Llevo la discusión a un punto que me parece clave: ¿a qué llamamos un buen toro? ¿Al que da facilidades para que el matador corte trofeos, o al que se defiende con bravura hasta la muerte? ¿Es bueno un toro que se cae varias veces, a lo largo de la lidia, que huye del picador, que se va a chiqueros, pero que al que cortan oreja sin problemas? Para elogiar un toro, ¿atendemos sólo a la faena de muleta o también a los otros tercios? Aquí está, creo, el quid de la cuestión. Ahora, muchos se fijan sólo en la faena de muleta, quieren que el toro «se deje» dar cien muletazos, moleste al torero lo menos posible. Con ese criterio, desaparecen los quites y la suerte de varas, básica para apreciar la bravura de un toro: sólo se aplaude al piquero que no pica. Así estamos...
Los toros de hoy han sido —me temo— la perfecta ilustración de nuestra charla. No se han entregado en el capote, han flojeado, han hecho pobre pelea en varas, han puesto en dificultades a expertos banderilleros... En el último tercio, han roto a embestir, casi todos, si se les hacían bien las cosas, y han propiciado el triunfo de los matadores. Supongo que es ése el ideal actual de los toreros. No es el mío, naturalmente.

Templados derechazos

Por el percance de Sevilla, Curro Díaz lleva menos corridas este año. Quizá lo acusa. Su primero sale alegre pero justo de fuerzas y se raja, después del primer par. Consigue el diestro derechazos templados, con su habitual buen gusto, a un toro que tardea, se apaga. Es el típico toro que no molesta (ni emociona). Al final, le da cinco muletazos sin moverse (el toro, casi tampoco). Después de pinchar en hueso, logra una gran estocada.
El cuarto (como todos los de la segunda parte) es de Cortés: más alto, más en Atanasio, con algo de genio. Algunos muletazos de Curro tienen empaque pero el toro sale con la cara alta, desluce todo. Un buen matador, como es él, esta vez se desconfía. ¿Por qué? Los mozos pitan ahora con razón.
El tercero, muy flojo, hace pobre y mínima pelea en varas, se para en banderillas pero saca buena clase en la muleta. Miguel Ángel Perera comienza con seis muletazos sin moverse; encadena series limpias, ligadas. Una tanda al natural es excelente, aunque el público apenas lo advierta. Al final, alardes ojedistas, «se monta» en el toro. Mata de estocada caída y corta una oreja.
El sexto, también flojo, con algo de genio, huye pronto a tablas: no se sabe si a la querencia de una cámara de televisión o, simplemente, porque se raja. Lo va metiendo al natural, con firmeza, pero el trasteo no puede ser lucido y mata mal.
También el primero del Juli hace pobre pelea en varas, flaquea pero va a mejor en la muleta. Julián prolonga la embestida, manda mucho con la derecha, muestra su claridad de ideas, sus recursos, su oficio. Consigue una gran estocada y la primera oreja.
Brinda al público el quinto, apenas picado. Lo dobla bien, le enseña a embestir: lo va embebiendo, al natural; lo cuaja por la derecha, en series largas, ligadas, arrastrando la muleta por la arena. Faena completa: le han funcionado a la perfección la cabeza, la técnica y la ambición. Mata con decisión, no perfectamente, y nadie le puede negar las dos orejas. ¡Y pasado mañana vuelve! Con esa actitud, manda en Pamplona. Y en el toreo.
Nota final: al ir para la Plaza, leo en abc.es que a Marta Ferrusola le parecería «horroroso» que el Barcelona promocionara, en sus camisetas, el turismo español. (Le parece muy bien que luzca el nombre de Katar). Lo explica: «Ya tienen los toros...» Es verdad: tenemos los toros y tenemos España. Nos dan pena los que no quieren tener toros ni aceptan ser españoles. Ellos se lo pierden.

martes, 12 de julio de 2011

Pamplona: Iván Fandiño y César Jiménez cortan oreja / Andrés Amorós

César Jiménez torea al natural a «Denunciante», al que cortó una oreja
Iván Fandiño y César Jiménez cortan oreja 
A Iván Fandiño, que se ganó en San Isidro su inclusión en las Ferias, se le espera con interés en todas las Plazas
Andrés Amorós / Pamplona

ABC.- Día 12/07/2011

En el apartado de las reses, se rinde homenaje al fotógrafo Cano, tan querido por todos. A sus 98 años, sigo viéndole en todos los paseíllos. Se acuerda siempre de Manolete, de Luis Miguel, de la belleza única de Ava Gardner... Lo encuentro por la calle, me abraza, me previene contra los carteristas y me hace una foto. ¡Dios quiera que sea por muchos años!

Sólo en Pamplona un toro se hace famoso antes de ser lidiado. El pasado San Fermín, fue uno de Fuente Ymbro, que pesaba 675 kilos. Aseguraban muchos que, con ese peso, no se podría mover pero no paró de moverse, con nobleza. Hoy le han entregado el premio al mejor de la anterior Feria.

Este año, un fuenteymbro se ha hecho famoso por su velocidad en el encierro. Los pastores le llaman«el AVE»; otros, «el Induráin». Se lidia en quinto lugar, le toca a César Jiménez y logra con esfuerzo cortarle una oreja (como había hecho Iván Fandiño con el tercero). Nunca un «Denunciante» fue menos anónimo. Es serio, como sus hermanos; luce espectaculares defensas: «media luna las armas de su frente», decía Góngora. Como ellos, embiste con nobleza pero con excesiva suavidad, flaquea. A los fuenteymbros, este año, les han faltado más fuerzas y algo de picante.

Antonio Ferrera es un ídolo en Pamplona, por varias gestas: aquí fue herido, cortó un rabo y dio a conocer su par al quiebro, de espaldas. Hoy, la suerte le da la espalda, los mozos parecen olvidar su cariño. El primero, bien armado, es noble pero flaquea y, sobre todo, escarba continuamente. A pesar de su poca codicia, Ferrera brilla al banderillear: con quiebro en tablas y jugueteo posterior, el tercer par. La faena de muleta es limpia, reposada, pero tiene poca emoción; la desluce el toro, con la cara continuamente entre las manos. No se estrecha al matar y falla con el descabello.

En el cuarto, consigue un par por dentro emocionante. El toro va bien si no se cae; embiste con clase pero se apaga. Antonio no acaba de conectar con el público, que se impacienta por el largo trasteo. Tarda en cuadrar y suena un aviso; a la segunda, se vuelca, saliendo prendido, pero, nervioso por el segundo aviso, falla reiteradamente con el verduguillo. No ha sido una de sus brillantes tardes pamplonesas.

En el segundo, otro flojo y noble, César Jiménez comienza con sus habituales muletazos de rodillas... hasta que el toro se cae. El animal va de dulce pero flaquea demasiado; incluso, antes de llegar a la muleta. Se deja hacer todo lo que el diestro quiere y éste consigue buenos naturales. La estocada queda baja y el presidente niega la oreja.

Dos velas aparatosas

El quinto es el famoso «Denunciante», que luce dos velas aparatosas. Embiste suave, distraído; sale con la cara alta. Logra hacerse con él César, en una faena que va a más, y conectar con un público que ha estado coreando no sé qué, al margen de la lidia (¿). Como el trasteo es largo, suena un aviso. La estocada es desprendida pero acierta con el descabello y esta vez sí le conceden la oreja. Parece claro que, dentro de su concepto, está en un momento de solvencia.

A Iván Fandiño, que se ganó en San Isidro su inclusión en las Ferias, se le espera con interés en todas las Plazas. Le veo esta tarde muy dispuesto y seguro, además de valiente. Recibe al tercero de una forma inusual, con gaoneras a portagayola. Desde el centro, da tres muletazos cambiados a un toro que embiste con nobleza. Liga bien los muletazos, deslucidos por alguna caída del toro, que protesta, por falta de fuerzas. Se esfuerza en remontar con bernadinas y logra una gran estocada que desata el entusiasmo: oreja. Recuerdo la zarzuela: «Fiel espada triunfadora». Así ha sido siempre, en la Fiesta.

Veroniquea Fandiño con clasicismo al sexto, que pierde enseguida los cuartos traseros, se raja a chiqueros. En ese terreno, con inteligencia, consigue derechazos muy lentos. Las manoletinas ya son un error, sale trompicado. Esta vez, culmina peor con la espada pero está en un gran momento.

Una advertencia que vale para todos los días: algunos se indignan en cuanto el toro no muere al momento, pitan si hay que descabellar. ¿Es simple ignorancia o buenismo? ¿Son «indignados» que piden, para el toro, una muerte digna? Si fuera sólo cuestión de rapidez, mejor sería una ametralladora. Hay que matar de acuerdo con unos cánones, aunque el toro tarde en caer. Eso puede tener la belleza que cantó Miguel Hernández: «El toro sabe al fin de la corrida / en que prueba su chorro repentino / que el sabor de la muerte es el de un vino / que el equilibrio impide de la vida». Los toros bravos no son los de Walt Disney.